Todos hemos oído el dicho que da título a la entrada de hoy. Aunque nos lo tomemos a risa, como todos los dichos a veces lleva algo de verdad.
En un estudio psicológico se colocó al grupo de estudio frente a una pantalla de ordenador en la que una pelota fluctuaba entre las dos mitades de la pantalla, separadas por una línea horizontal. Había que manejar un dispositivo para mover la pelota arriba y abajo. Se advirtió que habría un componente aleatorio y que no siempre respondería el movimiento a las acciones. Luego se pidió que pulsaran el dispositivo para mantener la pelota en la parte de arriba.
En un estudio psicológico se colocó al grupo de estudio frente a una pantalla de ordenador en la que una pelota fluctuaba entre las dos mitades de la pantalla, separadas por una línea horizontal. Había que manejar un dispositivo para mover la pelota arriba y abajo. Se advirtió que habría un componente aleatorio y que no siempre respondería el movimiento a las acciones. Luego se pidió que pulsaran el dispositivo para mantener la pelota en la parte de arriba.