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domingo, 11 de octubre de 2026

Breve tratado sobre la psique humana según la marca de su smartphone

Científicos del comportamiento, abran paso. Tras años de riguroso trabajo de campo en terrazas, transportes públicos y cenas familiares, aquí tenéis la radiografía sociológica definitiva: dime qué teléfono llevas y te diré qué tara ideológica o moral te define.

1. Samsung: El ciudadano modélico (y un pelín servil) del régimen digital

Gente seria, formal y, por lo general, con un sesgo ideológico tirando a la derecha conservadora o, peor aún, a ese centrismo gris y asustadizo que solo quiere que nada cambie. Son los típicos que cumplen las normas a rajatabla —incluso las más absurdas— y miran con profunda desaprobación moral y rictus estreñido a cualquiera que se salga del camino marcado por el consenso social.

Población de riesgo: si aparcas dos centímetros sobre la línea blanca o te saltas el turno en la pescadería, ten por seguro que el usuario de un Galaxy ya está buscando el número de la policía local para denunciarte mientras murmura algo sobre la «falta de civismo». Su obediencia al sistema es tal que, si la actualización del software les pidiera que saltaran a la pata coja durante dos horas para «optimizar la batería», lo harían sin rechistar y criticarían al que no lo hiciera por «rebelde irresponsable».

2. Apple: El pijo-progre Schrödinger

El usuario de iPhone es el ser guay por antonomasia; esa especie de aristócrata del ecosistema digital que se siente intrínsecamente superior al resto del campesinado. Típico perfil pijo-progre que presume de conciencia social e ideología de izquierdas mientras hace cola para gastarse 1500 euros en un aparato ensamblado en condiciones dudosas. A la hora de la verdad —y sobre todo al hacer la declaración de la renta— son más de derechas que Franco, pero eso sí: en la urna votan religiosamente a la izquierda parlamentaria para mantener limpia su conciencia de clase alta.

3. Móviles chinos (Xiaomi, OPPO, Realme): La lucha de clases en versión Android

En este gran cajón de sastre asiático coexisten dos faunas radicalmente opuestas:

  • El segmento de gama baja: Los «pobretones» funcionales. Suelen ser personas humildes, honradas y con los pies en la tierra que solo quieren que el aparato llame y tenga WhatsApp sin empeñar un riñón. Los verdaderos héroes de esta historia.

  • El segmento de gama alta: El cuñado techno-macarra. Ese espécimen infumable que se gasta 800 euros en un móvil chino solo para acorralarte en las fiestas y explicarte, con condescendencia y saliva, cómo su cámara tiene más megapíxeles y su carga rápida es más eficiente que la de tu mísero teléfono.

4. Google Pixel: La élite del pedantismo tecnológico

Cuatro frikis contados que se consideran la auténtica reserva espiritual del conocimiento informático. Llevan el «Android puro» como si fuera una revelación divina y miran al resto de la humanidad con esa lástima mezquina con la que un catedrático de Harvard miraría a un primate intentando abrir un plátano con una piedra.

5. Fairphone: La prueba del algodón ético

El móvil reparable, modular y de comercio justo. Este es, objetivamente, el único teléfono auténticamente de izquierdas sobre la faz de la Tierra. Si nunca has visto uno en la vida real, no te preocupes: no es que sea raro, es sencillamente la prueba irrefutable de que no conoces a un solo izquierdista verdadero, sino a una panda de hipócritas con carcasas de diseño.


6. Motorola: El nostalgia-adicto de la clase media empobrecida

El usuario de Motorola vive en un estado de permanente morriña noventera. Es esa persona atrapada en un bucle temporal que aún recuerda cuando desplegar la tapa de un Razr V3 te convertía automáticamente en el rey del garito. Se autoconvencen de que compran «calidad-precio» y «Android casi puro», pero la triste realidad sociológica es que son el equivalente a conducir un Ford Focus de 2008 con el motor impecable: funcional, aburrido y completamente invisible para el sexo opuesto. Son pragmáticos hasta la náusea y probablemente lleven los cupones del supermercado guardados en la funda del móvil.

7. Sony Xperia: El artista incomprendido (o el snob del bitrate)

Un espécimen tan escaso y esquivo que ver uno en libertad equivale a avistar un lince ibérico. El poseedor de un Sony no lleva un teléfono: lleva un «instrumento de precisión audiovisual». Es el típico gafapasta que te soltará un sermón insufrible sobre la fidelidad de color de la pantalla OLED 4K, el sensor cinematográfico heredado de la división Alpha y la gloriosa persistencia del conector minijack de 3,5 mm. Son seres profundamente pretenciosos que se creen directores de cine independientes por grabar a su gato a 120 fps, ignorando alegremente que se han gastado 1200 euros en un ladrillo rectangular que se calienta más que una freidora industrial y cuya interfaz parece diseñada por un funcionario prusiano en 1998.

8. LineageOS: El mecánico de garaje del software libre

El usuario de LineageOS es el equivalente digital al típico manitas que se pasa los domingos debajo de un coche viejo manchándose de grasa. Se niegan a jubilar un teléfono de hace seis años por una mezcla absurda de tacañería y orgullo nerd. Son felices flasheando builds no oficiales a las tres de la mañana mientras le explican a su pareja que «ahora el procesador rinde un 4 % mejor». Viven en un estrés permanente porque la aplicación del banco deja de funcionar cada vez que Google actualiza sus certificados de seguridad, pero ellos sonríen con superioridad porque su trasto de 2018 aún tiene la última versión de Android.

9. GrapheneOS: El paranoico de la NSA

Si ves a alguien con GrapheneOS, no lo mires fijamente a los ojos: probablemente piense que eres un agente encubierto del CNI. Es el espécimen más paranoico del ecosistema digital. Se han comprado un Pixel (sí, el teléfono de Google) solo para borrarle hasta el último rastro de Google y convertirlo en un búnker inexpugnable. Usan cinco capas de VPN, tienen la geolocalización desactivada permanentemente y guardan sus contactos con nombres en clave. Lo trágico de su existencia es que han gastado semanas configurando un sistema con seguridad de grado militar... únicamente para leer grupos de memes en Telegram y mirar el tiempo.

10. /e/OS: El hippie de-googled de consumo responsable

El usuario de /e/OS es la versión eco-friendly y buenrollista del purista tecnológico. Querían la privacidad de GrapheneOS pero sin tener que sacarse un máster en ingeniería informática para enviar un mensaje. Presumen de tener un móvil «desgooglizado» y ético, aunque luego se pasan el día buscando trucos y parches para poder instalar Instagram, Spotify y Uber sin que el sistema colapse. En el fondo, son el perfecto ejemplo de la contradicción humana: quieren salvar al mundo del capitalismo de vigilancia de las Big Tech, pero sin renunciar a la comodidad de pedir comida a domicilio desde una app.

sábado, 3 de octubre de 2026

El Caballo de Troya de la "Seguridad": Cómo las grandes tecnológicas quieren prohibir tu derecho a la inteligencia artificial

 


Bajo el brillo de discursos altruistas sobre la ética, la cautela y la "prevención de riesgos catastróficos", las grandes corporaciones tecnológicas de Silicon Valley acaban de mover ficha. La estrategia se vende como un ejercicio de responsabilidad geopolítica y control de daños, pero si rascamos la superficie del barniz corporativo, lo que descubrimos es un movimiento cínico y de manual: cerrar la puerta del futuro tecnológico para quedarse con la llave.

El objetivo real de estas alianzas y marcos de "seguridad" no es otro que doblegar a la competencia internacional y, de paso, decapitar de un plumazo al movimiento de código y pesos abiertos (open weights).

La falsa dicotomía: Seguridad frente a Libertad

Durante los últimos años, la proliferación de modelos de IA de código abierto ha democratizado el acceso a herramientas que antes estaban reservadas exclusivamente a los gigantes con miles de millones de dólares en servidores. Universidades, pequeñas empresas, desarrolladores independientes y laboratorios de todo el mundo han podido auditar, modificar y ejecutar modelos en sus propios equipos.

Sin embargo, a los gigantes del sector esto les quita el sueño. Un ecosistema donde cualquiera puede descargar un modelo, tunearlo y correrlo de forma local es un ecosistema que no se puede monetizar mediante suscripciones cautivas ni censurar a golpe de API.

¿La solución de las grandes corporaciones? Inventarse un marco regulatorio donde la "seguridad" sea sinónimo de control centralizado.

El truco técnico: Asfixiar al Open Source por decreto

Las nuevas exigencias impulsadas por estos lobbies tecnológicos no necesitan prohibir explícitamente el software libre. Utilizan un mecanismo mucho más sutil y perverso: imponer requisitos de cumplimiento técnico que solo los modelos cerrados y centralizados pueden cumplir.

Pensemos en ello:

  • El apagado remoto y la censura en tiempo real: Un modelo de caja negra (al que accedes a través de la nube de una gran empresa) permite que el proveedor decida en todo momento qué puedes preguntar, modifique los filtros de contenido sobre la marcha o te revoque el acceso si así lo exige un regulador.

  • La indefensión del peso libre: Una vez que los pesos de un modelo son públicos y se descargan en un servidor local, el creador original pierde el control. No hay "interruptor de apagado" remoto.

Al exigir que toda IA de frontera cuente con mecanismos de trazabilidad masiva, monitorización constante y control corporativo obligatorio, están condenando al open source a la ilegalidad técnica. Esencialmente, dicen: "Puedes crear IA, siempre y cuando no puedas usarla ni distribuirla libremente sin pasar por nuestra caja registradora".

La excusa geopolítica: El fantasma extranjero como coartada

Para vender esta concentración de poder a la opinión pública, se agita el comodín geopolítico. Se argumenta que hay que frenar el avance de potencias rivales —como los modelos eficientes surgidos desde Asia— bajo el pretexto de que la tecnología libre es un peligro para la seguridad nacional.

Pero es una cortina de humo. La verdadera amenaza que perciben estas empresas no viene de fuera, sino de la base: la descentralización. Temen un futuro donde la inteligencia artificial sea una utilidad pública y transparente, como internet o el protocolo SMTP del correo electrónico, en lugar de un oligopolio privatizado en manos de tres o cuatro multinacionales de la nube.

Conclusión: No piquemos el anzuelo

Lo que estamos presenciando es un intento descarado de monopolizar el cimiento tecnológico del siglo XXI bajo el eufemismo de la "responsabilidad". Si aceptamos que la única IA segura es la IA cautiva, habremos firmado la rendición de nuestra soberanía digital.

La tecnología abierta no es el problema; es el único antivirus real contra el monopolio cognitivo. Y es hora de empezar a llamarlos por su nombre: no defienden nuestra seguridad, defienden su mercado.

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domingo, 20 de septiembre de 2026

Receta de galletas de mantequilla y almendra

Vamos a probar otra deliciosa receta de galletas. Toma nota de los ingredientes:

  • 125 g de azúcar

  • 125 g de almendra molida

  • 125 g de mantequilla

  • 150 g de harina

  • 1 huevo

  • 1 cucharada de brandy

  • 5 g (1 cucharadita) de levadura química

1. La masa

Empezamos mezclando el azúcar, la levadura, la harina y la almendra molida. Luego, añadimos el huevo y la cucharada de brandy. Por último, incorporamos la mantequilla a punto de pomada (cremosa, pero no dura). Podéis ponerla 30 segundos en el microondas, buscando que esté blandita pero sin llegar a derretirse.

Una vez batido todo y formada la masa, ya sabéis: si veis que queda muy húmeda, añadid un poco más de harina hasta que la textura sea manejable, ligeramente pegajosa pero que no se quede adherida a los dedos.

Finalmente, dejamos que la masa repose un par de horas en la nevera dentro de un recipiente cerrado.

2. El horneado

Una vez reposada la masa, la estiramos con el rodillo y cortamos las galletas. Personalmente las hice gorditas, pero os recomiendo dejarlas finas; así se doran mejor y quedan más crujientes.

Precalentamos el horno a 180 °C y horneamos durante 12-15 minutos (recordad que cada horno es un mundo; a mí, por ejemplo, se me fueron a más de 20 minutos). Procurad sacarlas cuando estén doradas por los bordes pero todavía algo blandas en el centro, ya que terminan de endurecerse al enfriar y no interesa que queden demasiado duras.



3. El resultado

Tienen un sabor riquísimo y poco dulce (debo admitir que yo puse un poco menos de azúcar, rondando los 100 g). La mantequilla arropa muy bien el sabor de la almendra y, como suele pasar con este tipo de pastas, es al tercer o cuarto día cuando alcanzan su punto óptimo, ya que van ganando matices. Duran 7-8 días sin problemas.

domingo, 23 de agosto de 2026

El verdadero Robin Hood: Por qué Robert Hod de Wetherby es el hombre detrás de la leyenda

Durante siglos, la humanidad se ha empeñado en buscar un rostro romántico bajo la supuesta capucha verde de Sherwood. Hollywood, los poetas y los historiadores con exceso de imaginación nos han vendido la milonga del noble sajón rebelándose contra el malvado príncipe Juan, por supuesto con música de violines de fondo. Pero la realidad, registrada en los aburridos rollos judiciales del siglo XIII, es bastante más terrenal y, para qué nos vamos a engañar, mucho menos poética.

Si de verdad pretendes encontrar al tipo que inspiró el mito en lugar de seguir tragándote las fantasías victorianas, borra tus prejuicios y apunta un nombre: Robert Hod de Wetherby.

Las pistas en los archivos de 1225

Para toparnos con el auténtico "héroe", hay que retroceder hasta el año 1225, bajo el cálido y comprensivo reinado de Enrique III. En los archivos oficiales de la época asoma un tal Robert Hod, un proscrito con una más que probable querencia por la violencia que operaba en los bosques de Yorkshire.

Naturalmente, olvídate de la idílica vida en Sherwood: este hombre se movía con estrategia criminal pura y dura cerca de los caminos reales que conectaban el norte de Inglaterra, ideal para asaltar a cualquiera que pasara por allí con la cartera llena. Los documentos no mienten y dejan perlas muy reveladoras:

  • Bienes confiscados: La corona ordenó confiscar sus pertenencias —básicamente unos cuantos chelines y cuatro chismes de mala muerte—, destrozando de un plumazo la teoría de que descendía de la alta nobleza. Era un pobre diablo de la baja rústica.

  • Persecución implacable: El mismísimo sheriff de Nottingham, el célebre antagonista de la ficción, recibió órdenes directas de capturar a este simpático cabecilla y a su banda de matones antes de que siguieran haciendo de las suyas.

  • El chollo de las leyes forestales: En aquella época cazar un ciervo del rey o negarse a pagar los tributos feudales convertía al más pintado en fugitivo. Hod simplemente personificó la vieja costumbre de saltarse la ley a la torera cuando el fisco asfixiaba.


¿Por qué Robert Hod encaja mejor que el resto?

Hay teorías que intentan colar a otros candidatos del siglo XIV o a ridículos aristócratas, tales historias cojean por un pequeño detalle llamado cronología. Las primeras referencias literarias al nombre "Robin Hood" o "Hobbehod" datan de finales del siglo XIII y principios del XIV. Un forajido activo en la década de 1220 encaja temporalmente a la perfección para haber alimentado las primeras coplas tabernarias de los juglares.

Además, el apellido Hod (o Hode) es lingüísticamente idéntico al que usaron los primeros trovadores. No estamos ante un elaborado juego de palabras conceptual, sino ante el eco deformado por el alcohol y los años de un chorizo local que se ganó a pulso su hueco en la historia por cabrear a las autoridades.

El mito frente a la triste realidad

Es evidente que la leyenda creció con el tiempo. Ningún manuscrito medieval demuestra que Robert Hod robara a los ricos para dárselo a los pobres —básicamente porque los criminales de la época se lo quedaban todo para sobrevivir— ni que tuviera una historia de amor con Lady Marian. Pero el núcleo emocional sigue siendo el mismo: un mindundi acorralado por un sistema fiscal abusivo que decidió buscarse la vida en el bosque a base de malas pulgas.

Así que la próxima vez que veas una película de Robin Hood, recuerda que su sombra no nació de una epifanía literaria, sino de las pisadas de un ratero en Yorkshire que acabó con el tiempo siendo idealizado por los campesinos de la zona.

sábado, 25 de julio de 2026

La Parca tiene la lista y ha empezado a llamar

Estos días atrás me he enterado de la muerte de un viejo compañero del colegio. Ya no teníamos contacto, llevaba años sin hablar con él —unos 15 o 20—, y tampoco es el primer compañero de colegio del que me entero de su fallecimiento.

Pero en este caso era una persona con la que tuve trato en aquellos años. No era ese compañero que aunque de tu curso era de otro grupo, al que conocías de vista y poco más; con este el trato fue mayor. Siempre en el mismo grupo, nos sentábamos cerca y vivía cerca. Éramos muy diferentes y no era de mi grupo de íntimos, pero hubo relación y recuerdos en común en aquella época, en general buenos.


Te hace meditar ver su esquela, realmente muy diferente a la que será la mía, él estaba casado, tenía hijos y nietos. Te hace verte viejo. Ya ha pasado la época de ir a bodas y bautizos, e incluso la de ir a los entierros de los conocidos de tus padres; ahora hemos pasado a primera línea.

La Parca tiene la lista y ha empezado a llamar.

lunes, 20 de julio de 2026

Receta de galletas de nata

Hoy vamos a preparar unas excelentes galletas de nata. Es una receta bastante sencilla y con un resultado espectacular.

Ingredientes

  • 200 ml de nata para montar (35-38 % de materia grasa)

  • 200 g de azúcar

  • 425 g de harina (aproximadamente)

  • 30-60 ml de anís dulce

  • 100-120 ml de aceite de oliva suave (0,4°)

  • 1 sobre de levadura química (tipo Royal)


Elaboración

  1. Mezcla: En un recipiente, combina la nata con el azúcar y bate bien.

  2. Líquidos: Añade el aceite y el anís, integrándolos a la mezcla anterior.

  3. Harina: Incorpora la harina tamizada junto con la levadura, añadiéndola poco a poco y sin verterla toda de golpe.

  4. Textura: Si notas que la masa está demasiado pegajosa y se te quedan grumos en los dedos, sigue añadiendo harina poco a poco. La masa estará lista cuando sea manejable y ya no se quede pegada a las manos (pegajosa pero sin dejar grumos).

  5. Reposo: Deja reposar la masa en un recipiente cerrado dentro de la nevera durante al menos una hora (aunque hay quien recomienda hasta 24 horas; en mi caso, con una hora fue suficiente).

  6. Horno: Precalienta el horno a 180 °C.

  7. Forma: Estira la masa y corta las galletas con la forma que prefieras; yo utilicé un vaso para hacerlas redondas.

  8. Horneado: Hornea durante 15-20 minutos, dependiendo de tu horno, hasta que veas que los bordes están dorados y tengan buen aspecto. Yo las dejé 20 minutos largos depende del horno y las puse en la parte baja, pero mi horno no calienta bien por abajo, si tienes un horno nuevo posición media con aire y unos 15 minutos debería ser suficiente.

  9. Enfriado: Saca las galletas del horno y déjalas enfriar sobre una rejilla. Una vez templadas (tras unos 15-20 minutos), guárdalas en una caja metálica que cierre herméticamente.

  10. Consejo: Para disfrutarlas al máximo, espera al día siguiente para comerlas; verás que ganan mucho sabor con el tiempo.

Resultado

El resultado son unas galletas sabrosas, no muy dulces y con un ligero toque a anís. Crujientes por fuera y más suaves por dentro. No os puedo decir cuanto tiempo se conservan porque han desaparecido rápido. Así que si estáis a dieta mejor evitarlas, sino a por ellas.