Durante siglos, la humanidad se ha empeñado en buscar un rostro romántico bajo la supuesta capucha verde de Sherwood. Hollywood, los poetas y los historiadores con exceso de imaginación nos han vendido la milonga del noble sajón rebelándose contra el malvado príncipe Juan, por supuesto con música de violines de fondo. Pero la realidad, registrada en los aburridos rollos judiciales del siglo XIII, es bastante más terrenal y, para qué nos vamos a engañar, mucho menos poética.
Si de verdad pretendes encontrar al tipo que inspiró el mito en lugar de seguir tragándote las fantasías victorianas, borra tus prejuicios y apunta un nombre: Robert Hod de Wetherby.
Las pistas en los archivos de 1225
Para toparnos con el auténtico "héroe", hay que retroceder hasta el año 1225, bajo el cálido y comprensivo reinado de Enrique III. En los archivos oficiales de la época asoma un tal Robert Hod, un proscrito con una más que probable querencia por la violencia que operaba en los bosques de Yorkshire.
Naturalmente, olvídate de la idílica vida en Sherwood: este hombre se movía con estrategia criminal pura y dura cerca de los caminos reales que conectaban el norte de Inglaterra, ideal para asaltar a cualquiera que pasara por allí con la cartera llena. Los documentos no mienten y dejan perlas muy reveladoras:
Bienes confiscados: La corona ordenó confiscar sus pertenencias —básicamente unos cuantos chelines y cuatro chismes de mala muerte—, destrozando de un plumazo la teoría de que descendía de la alta nobleza. Era un pobre diablo de la baja rústica.
Persecución implacable: El mismísimo sheriff de Nottingham, el célebre antagonista de la ficción, recibió órdenes directas de capturar a este simpático cabecilla y a su banda de matones antes de que siguieran haciendo de las suyas.
El chollo de las leyes forestales: En aquella época cazar un ciervo del rey o negarse a pagar los tributos feudales convertía al más pintado en fugitivo. Hod simplemente personificó la vieja costumbre de saltarse la ley a la torera cuando el fisco asfixiaba.
¿Por qué Robert Hod encaja mejor que el resto?
Hay teorías que intentan colar a otros candidatos del siglo XIV o a ridículos aristócratas, tales historias cojean por un pequeño detalle llamado cronología. Las primeras referencias literarias al nombre "Robin Hood" o "Hobbehod" datan de finales del siglo XIII y principios del XIV. Un forajido activo en la década de 1220 encaja temporalmente a la perfección para haber alimentado las primeras coplas tabernarias de los juglares.
Además, el apellido Hod (o Hode) es lingüísticamente idéntico al que usaron los primeros trovadores. No estamos ante un elaborado juego de palabras conceptual, sino ante el eco deformado por el alcohol y los años de un chorizo local que se ganó a pulso su hueco en la historia por cabrear a las autoridades.
El mito frente a la triste realidad
Es evidente que la leyenda creció con el tiempo. Ningún manuscrito medieval demuestra que Robert Hod robara a los ricos para dárselo a los pobres —básicamente porque los criminales de la época se lo quedaban todo para sobrevivir— ni que tuviera una historia de amor con Lady Marian. Pero el núcleo emocional sigue siendo el mismo: un mindundi acorralado por un sistema fiscal abusivo que decidió buscarse la vida en el bosque a base de malas pulgas.
Así que la próxima vez que veas una película de Robin Hood, recuerda que su sombra no nació de una epifanía literaria, sino de las pisadas de un ratero en Yorkshire que acabó con el tiempo siendo idealizado por los campesinos de la zona.